viernes, 21 de octubre de 2011

DOMUND 2011



“Vivir la fe como misterio y proclamación comprometida”
El DOMUND nos recuerda que nuestra fe no ha de ser vivida sólo en la esfera privada, es un bien precioso que exige ser comunicado con gozo a los demás, para que, viendo, se reafirmen en su fe o lleguen a ella como desvelamiento de su propia vida.
El lema del Papa de este año: así también os envío yo, nos recuerda esta actitud misionera de todo cristiano.
Esta labor misionera no admite dilaciones. Una discusión excesiva sobre el modo de realizar esa acción tan importante en la Iglesia puede implicar una pérdida de tiempo precioso.
Es lo que les ocurría a los fariseos contemporáneos de Jesús, perdidos en infinidad de batallas sobre el mandamiento primero de la Ley. De entre los 613 preceptos contados (305 prohibiciones y 248 obligaciones), ¿quién se atrevería a
destacar el primero? Jesús propone una respuesta siempre en su línea liberadora del pueblo. No se puede amar a Dios si no amamos a los demás; y si no amamos a los demás, no amamos a Dios. En estos dos preceptos, como en su persona, se unen admirablemente lo divino y lo humano.
Lo central es el amor
Más allá de toda discusión, Jesús proclama la centralidad del amor. La calidad de nuestro amor define la calidad de nuestras personas. La calidez de nuestro amor tiñe de afecto sano y sereno nuestra propia existencia. Todos anhelamos encontrar el sentido de nuestra vida. Aquí está el secreto: en la medida en que amamos vamos realizando con sentido nuestra propia persona, como los cristianos de Tesalónica realizaban su propio cristianismo ofreciendo a los demás el testimonio de su vida gozosa. Este amor, que es nuestro don y tarea, tiene una pauta admirable. No es solamente amar a los demás como uno se ama a sí mismo, la pauta segura es: amad como yo os he amado.
¡Qué pena, que la palabra amor, tan usada en nuestras lenguas, quizá la más socorrida de todas, se emplee a veces de forma devaluada! La gran novedad aportada por Jesús es la de unir el amor a Dios con el amor a los demás. La religión, por amor, no puede quedar en un sentimiento difuminado. Es una fuerza magnífica que nos vuelve a unir a Dios, con renovado vigor, que nos impulsa a elegir nuevas estrategias, que nos lanza a testimoniar la Luz de la Verdad, allí donde aún no se ha visto u oído, o donde ya se ha olvidado su eco. El amor lanza a esta empresa tan digna, como animó y anima a tantos misioneros que gastan su vida en pro del Evangelio para los demás.
DOMUND: día para pensar en la caridad evangélica y actuar en consecuencia
Esta celebración especial del Domund nos invita a profundizar nuestra fe, misioneros primeramente de nosotros mismos. Nos anima a informarnos de la situación de la Iglesia, en particular en situaciones de riesgo, como se halla en determinadas latitudes.
Nos hace solidarios con el trabajo que realizan tantos hermanos esforzados a veces en lejanas tierras. Nos empuja a colaborar: nuestra limosna, nuestra oración, nuestro sacrificio son expresión netamente evangélica de la caridad que anida en nuestro interior.
En el mensaje para esta jornada nos recuerda el Papa: el evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido, sino un don que se ha de compartir, una buena noticia que hay que comunicar. En el Éxodo hemos proclamado que Dios es el valedor de huérfanos y de viudas (incluyendo así a todos los desamparados). Hoy, y siempre, el mayor desamparo es verse privado de esa conciencia del amor de Dios, de la salvación de Jesús, del amparo de María. Esta es la verdad... id por todo el mundo...urge la proclamación de la Palabra.
¿No habrá cristianos convencidos que sientan arder en su corazón la Palabra recibida y palpen la urgencia de proclamarla a los cuatro vientos? Una seguridad les acompañará siempre:
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza
Autor: Amadeo Alonso, sdb.

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